sábado, 26 de abril de 2008

Pequeña reflexión


Son las tres de la tarde y hace un calor asfixiante.No corre ni una brizna de aire, y si lo hace, es un aire abrasador. La calle está repleta de gente que va y viene. ¿Cómo me puedo sentir tan sola en medio de la multitud? Nadie se detiene para saludar a un viejo amigo, ni siquiera se dignan a mirarlo a los ojos. Como mucho, un golpe de cabeza servirá para mostrar todo su aprecio.
Por fin llego a la puerta de mi casa, saco las llaves y abro. Cojo el ascensor (¡mierda! Ese viejo vecino verde que te mira con cara de lascivia y al que tu quisieras ver muy lejos de ti…). Ahora sí, tras escuchar varias sandeces y estupideces varias relacionadas con temas guarros en el ascensor, por fin entro en mi piso, dejo la chaqueta tirada encima del sofá y me tumbo en él, con los pies hacia arriba y resoplo.
El ritmo de nuestra vida es demasiado duro y frenético. No tenemos tiempo para dedicarnos un momento de reflexión, y el silencio nos asusta. Parece que si nos quedamos callados, tememos oír nuestros propios pensamiento gritándonos en nuestro interior y diciéndonos realmente las verdades que tanto miedo tenemos a oír.
Sin embargo pienso, que todo el mundo debería tener al menos cinco minutos al día para dedicárselos a sí mismos y escucharse, y así probablemente les iría mucho mejor y no se sentirían tan solos, pues al fin y al cabo, la mejor compañía es uno mismo.

1 comentario:

el_jamaspensante dijo...

Hola señora/ita reflexiva!
Me gusta tu estilo, acabarás escribiendo libros de autoayuda a lo Jorge Bucay y te forraras, o eso o te forrarás igual, entonces y cuando llegue ese dia, me plantare ante la puerta de tu mansion y te llevaré una factura por las predicciones prestadas!!!jej