Notas melancólicas de un piano que alguna vez acompañó tu
voz se resisten a abandonar mi travesía.
Tresillos de nostalgia suspiran por el aire de tu aliento. Sí, ese que empañaba mi
corazón.
Sigue sonando la efímera musicalidad de las palabras robadas
al viento. Un viento que ahora lame mis cabellos convirtiéndolos en el
pentagrama de mis lamentos. Recorro
anhelante el espacio infinito que nos separa, cayendo en la vorágine que la
esperanza alimenta.
En mi maleta, retazos de amargor pesan demasiado para cargar
con ella hasta tu audaz cobijo de lobo.
Lejos. Astuto. Muy lejos.
[A cien
mentiras de distancia.]

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